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Mercedes SLS AMG

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Más que un superdeportivo extremo, el SLS pretende ser una obra de arte intemporal, como si atesorase en su interior la esencia del legendario 300 SL “Gullwing” y la destapase cada vez que arrancamos su motor

Un Porsche 911 Turbo es menos caro y más eficaz, pero el Mercedes SLS AMG, con sólo 25 unidades destinadas al mercado español, es mucho más exclusivo. Su precio apunta a los italianos Lamborghini Gallardo y Ferrari 458 Italia y, aunque no es tan radical en su planteamiento, cuenta con una personalidad muy especial. La inconfundible línea retro inspirada en su mítico antecesor es la carta de presentación del modelo más deportivo de la gama Mercedes. El SLS AMG es la reinterpretación del clásico 300 SL, un modelo muy avanzado para su época, entre otras cosas porque incorporaba inyección directa de gasolina, un elemento que, sin embargo, no lleva la última joya de la estrella. Antaño, una sofisticada estructura tubular obligó a adoptar las famosas puertas tipo “alas de gaviota” que se convirtieron en un verdadero icono; ahora, el motivo posiblemente responda a una cuestión de marketing más que a razones técnicas, no obstante, otorga al Mercedes SLS AMG una personalidad que muy difícilmente pasará desapercibida. Si circulando entre el tráfico ya es blanco de todas las miradas, cuando llega la hora de abrir una de sus puertas y salir del habitáculo el interés crece exponencialmente. Su conductor será objeto de todo tipo de preguntas indiscretas: “¿cuánto te ha costado?, ¿cuántos caballos tiene?, ¿cuánto gasta?...” Incluso en la gasolinera los empleados se acercan para observarlo mientras se llena el depósito de casi 90 litros y, en la calle, aparcado, se convierte en un imán para los aficionados, que se arremolinan a su alrededor. En definitiva, no es un coche para quien quiera pasar inadvertido.

Peculiar

Estética aparte, la apertura vertical de las puertas del Mercedes SLS AMG tiene la ventaja de que necesitan menos espacio para abrirse, sin embargo acceder al interior requiere cierto entrenamiento. En primer lugar, porque el tirador está muy bajo y nos obliga a agacharnos para llegar a él; y, en segundo lugar, porque, una vez sentados, el asidero para cerrar la puerta queda bastante alejado. Superado el ejercicio de acceso, el interior resulta amplio y desahogado, sobre todo en anchura, como dejan intuir las considerables dimensiones exteriores del modelo. Encontrar una postura de conducción perfecta lleva algo de tiempo, ya que, aunque no son incómodos, los asientos no se adaptan a nuestra espalda como un guante. Resultan duros, pero con el uso acaban por convencernos, ya que permiten realizar viajes largos sin que aparezcan síntomas de fatiga. Hay que tener en cuenta que no se trata de un automóvil de diario, a pesar de que es más utilizable que otros deportivos de pura cepa.

La practicidad del Mercedes SLS AMG, como cabría esperar, es casi inexistente. El pequeño maletero es similar al de un Mini, apenas cabe una maleta de viaje, pero además se calienta por la proximidad de los escapes. En el habitáculo, los pocos huecos que hay para depositar objetos son bastante pequeños, aunque esto no es criticable teniendo en cuenta que estamos ante un superdeportivo. Antes de arrancar echamos un vistazo a los mandos de la consola central, con los que se configura el grado de actuación del ESP de tres etapas (on/sport/off) y los programas del cambio AMG Speedshift DCT de 7 marchas (Confort, Sport, Sport+, Manual), incluida la función “launch control”, denominada RC (Race Start). Justo a continuación del pulsador que permite plegar o desplegar manualmente el alerón retráctil hay otro botón con las siglas AMG. Al presionarlo unos segundos se memoriza el “setup” del momento, como si de una presintonía de la radio se tratase, para luego poder acceder a dicha configuración de forma rápida. También da acceso a un menú específico del ordenador de viaje en el que disponemos de un cronómetro, además de indicadores de temperatura del agua, del aceite y de la transmisión. Su complejidad no llega al nivel de la modernísima instrumentación del Ferrari 458 Italia, pero ofrece lo necesario en un automóvil de sus características.

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Gaviota que ruge

Llega el momento de arrancar el motor y, sin necesidad de sacar la llave del bolsillo, pulsamos el botón que da vida al Mercedes SLS AMG. El V8 atmosférico se despierta con un espectacular rugido, dejando claras sus intenciones y rompiendo con su estruendo la paz del garaje. Maniobrar con este “monstruo” no es fácil, debido a sus casi dos metros de envergadura y 4,6 de longitud, por lo que los sensores de aparcamiento delanteros y traseros se convierten en indispensables para calcular las distancias. Por otro lado, la visibilidad lateral al doblar esquinas queda bastante limitada por los retrovisores exteriores, situados a la altura de la cara. Es el tráfico urbano el que requiere más adaptación por nuestra parte, así como una dosificación precisa del acelerador para lograr que el cambio automático sea suave en las arrancadas. Ponemos rumbo en busca de una carretera adecuada en la que descubrir sus verdaderas virtudes, escuchando el petardeo del motor cuando levantamos el acelerador y disfrutando de una salvaje melodía mecánica cada vez que volvemos a hundir el pie derecho. El nivel sonoro dentro del coche es algo alto, incluso circulando a velocidades legales, y obliga a subir el volumen de la radio más de lo habitual en un modelo de la estrella, aunque ¿quién querría oír la radio con semejante delirio mecánico bajo el capó?

Desde prácticamente el ralentí se muestra rebosante de plenitud y su fuerza va creciendo a medida que la aguja avanza por el cuentavueltas. Cuando llega a 4.000 rpm el empuje se vuelve rabioso, aunque no hay una transición violenta dada su gran progresividad. Sube de vueltas con mucha rapidez hasta la zona roja, por ello es de gran utilidad el indicador luminoso que nos avisa cuando conviene cambiar de marcha, ya que no merece la pena llegar hasta el corte de inyección si queremos lograr las máximas prestaciones. Además, el cambio en modo manual —sólo mediante levas— no es lo rápido que nos gustaría y requiere cierta anticipación por nuestra parte. Lo mayor pega de su manejo es que no permite subir o bajar más de una velocidad al mismo tiempo, algo que resulta irritante en ocasiones —sobre todo teniendo en cuenta que tiene 7 marchas—, y obliga a mantener siempre un alto grado de concentración.

Carácter personal

Lograr un relativo equilibrio entre confort y alto nivel dinámico no es tarea sencilla en un superdeportivo. En el caso del Mercedes SLS AMG se consigue un buen compromiso entre ambas cosas, a costa de no ser un coche extremadamente eficaz en tramos muy sinuosos. Es cierto que su eje trasero resulta seco en baches fuertes, pero no podemos calificarlo como incómodo, dada su naturaleza. En cuanto a la forma de progresar llevando a cabo una conducción netamente deportiva, el comportamiento y la capacidad de tracción varían mucho en función del tipo de trazado y del estado de conservación del asfalto. Su terreno natural, aparte de las autopistas, son las carreteras anchas, con visibilidad y buen firme. La posición en la que llevemos el ESP marca enormes diferencias, pues en “on” resulta excesivamente conservador e intrusivo, hasta el punto de no dejarnos acelerar mientras el volante esté girado. Por suerte, seleccionando el modo “sport” el resultado se invierte al instante y en las curvas, sólo con rozar el acelerador, surge un ligerísimo redondeo del tren trasero que acompaña a la incisiva dirección. En este modo el ESP nos deja explorar con relativa indulgencia los límites del Mercedes SLS AMG, regalándonos cruzadas bastante controlables a la salida de las curvas a poco que lo provoquemos. Todo sucede siempre con progresividad y de manera muy previsible, ya que la dirección informa nítidamente de lo que ocurre bajo las ruedas. El “alas de gaviota” pone las cosas fáciles para mantener un ritmo elevado, ahora bien, ir realmente rápido requiere que nos empleemos a fondo, porque a medida que aumentamos la velocidad va disminuyendo su dulzura, y deja de dar tanta confianza. En definitiva, una creación destinada a convertirse en futuro clásico, digna de las mejores colecciones.

Mas Información y Fuente>>> http://motor.terra.es/pruebas-coches/articulo/mercedes-sls-amg-57007.htm

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Estoi totalmente de acuerdo con los dos primeros renglones, superdeportivo, extremo e intemporal

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Una suerte el que pueda comprase uno de estos, no todos los días dejan circular a obras de arte por las carreteras.

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